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¿QUE ESTA SUCEDIENDO? UNA INVITACIÓN AL DEBATE SOBRE DIEZ REFLEXIONES SOBRE DIEZ INTERROGANTES PROBLEMATICOS Y 61 PREGUNTAS CONCRETAS.
Por Iñaki Gil de San Vicente
VII. ¿Y QUE PASA CON LOS PUEBLOS Y NACIONES?.
La sexta ofensiva mundial del Capital contra el Trabajo, de la que hemos hablado anteriormente, tiene como uno de sus objetivos específicos aniquilar toda posible resistencia de los pueblos a la explotación mundial. ¿Pero de todos los pueblos?. Esta pregunta surge por el hecho simple de que, además, esa sexta ofensiva busca también aumentar la expoliación de la inmensa mayoría de la tierra para beneficiar a la reducida minoría del Centro imperialista. El racismo del Centro surge, entre otras razones, para justificar esa hiperexpoliación. Es más, el grueso, por no decir la totalidad, del conocimiento eurocéntrico es eminentemente racista, incluso pretende legitimarse con "argumentos" científicos: la sociobiología unida al darwinismo social.
32. ¿Razas o etnias?
El avance de la genética está cerrando viejas discusiones y abriendo nuevos campos de debate. Los antiguos argumentos que definían a las razas se están reduciendo a cada momento. Quienes defienden la existencia de razas humanas se basan en diferencias morfológicas pues es incuestionable que sólo existe una única especie humana. Por otro lado, la genética tiene ya capacidad para datar con aproximación los momentos de especialización étnica, que no racial. Pero ¿estamos enfocando bien el debate?. La duda que nos asalta es que en todas las ciencias que atañen políticamente al ser humano, no se puede separar el interés político de la supuesta "neutralidad científica". Ello nos obliga a considerar razones políticas, históricas, éticas, costumbristas, etc, para optar -además de los datos recientes y ¿objetivos?- por tal o cual concepto: de raza viene racismo y de etnia ¿qué viene?. Por ejemplo, ¿existe una "raza vasca" o una "etnia vasca"?. ¿O ninguna de las dos?. De ser así ¿qué es Euskal Herria?.
33. ¿Etnias o naciones?
La concepción eurocéntrica ha sostenido y sostiene que las naciones sólo surgen con el desarrollo de la burguesía. Antes existían colectividades humanas definidas de diversos modos. La dogmática stalinista oficializó semejante criterio que, junto a otros, legitimaban una concepción global de la evolución obligada a todos los pueblos. Hoy ese mismo criterio rige las relaciones internacionales en beneficio exclusivo de los Estados y del Capital. Hasta el humanitarismo y la caridad oficial están sujetos a él con nefastas consecuencias. Sin embargo, estudiando más detenidamente la historia humana y también a los clásicos marxistas, el dogma se cae. Aparece una realidad mucho más rica, polifacética y compleja ante la cual la vigente jurisprudencia internacional burguesa no sirve en absoluto, es más, ese aparato tremendo de leyes y convenios intercapitalistas, unido al saber que le ampara, sólo sirven para reprimir las aspiraciones de los ¿pueblos?, ¿etnias?, ¿naciones? o ¿cómo denominarlas?. También es una discusión que nos afecta directamente: ¿en base a qué tenemos derecho a la autodeterminación?.
34. ¿Clases o pueblos?
Unido a este debate ha habido y hay otro bifronte: la ultraizquierda más libresca y autodenominada internacionalista ha denostado todo lo concerniente al pueblo, a la nación: dice que es una construcción reaccionaria y burguesa, hasta fascista; sólo acepta y usa el concepto de clase. Por el lado opuesto, en la extrema derecha, se reniega de la clase y se diviniza al pueblo. Por desgracia para ambos la experiencia de los conflictos indica que existe una dialéctica muy imbricada entre clase y pueblo. En el aptº siguiente analizaremos esa realidad histórica. Ahora nos interesa estudiar el tema en su vertiente teórica de los procesos de explotación, opresión y dominación que sostienen y determinan esa dialéctica. En concreto, son esos procesos los que demuestran la idoneidad y el valor del concepto de "pueblo trabajador" que, por cierto, es el empleado por el MLNV desde que lo popularizara ETA en su V Asamblea: ¿cuales son virtudes en la Euskal Herria de comienzos del siglo XXI, del tercer milenio?.
35. ¿Revoluciones y/o guerras de liberación?
Decíamos antes que para desgracia de ambas posturas extremas, la experiencia histórica indica la interpenetración de clase y pueblo. De hecho, todos los procesos revolucionarios que han triunfado se han basado en esa interpenetración. De hecho, uno de los grandes errores causantes de los estancamientos y derrotas de otros muchos procesos revolucionarios ha sido el de despreciar dicha dialéctica. De hecho, una de las grandes bazas históricas del Capital ha sido la de apropiarse en exclusividad de los sentimientos populares profundos de las clases oprimidas -el fascismo y la derecha populista, por ejemplo- de modo que las izquierdas han quedado totalmente aisladas. De hecho, una de las tesis clásicas del reformismo más consecuente ha sido y es la de licuar la clase dentro del pueblo. Por último, la tesis del reformismo duro se basa en intentar una amalgama inestable definida como "sociedad civil". La experiencia histórica también se está confirmando en Hegoalde -y Euskal Herria- en donde las tesis "obreristas" han sido incapaces práctica y teóricamente de sostenerse, y ¿las reformistas?.
36. ¿Nacionalismo o independentismo?
El debate clase versus pueblo o nación tiene, además, actualidad por el resurgimiento de nacionalismos de derecha y neofascistas. Pero no sólo por eso: el problema de fondo es saber si el nacionalismo es tan preciso y coherente como el independentismo, siempre analizado el problema desde los intereses del pueblo trabajador. Es decir, ¿en las condiciones de mundialización capitalista qué potencia más coherentemente los intereses estratégicos del pueblo trabajador, el nacionalismo o el independentismo?. Como se aprecia, ubicamos el debate en el contexto mundial y en su evolución previsible: esta es la postura correcta ya que, en su origen, el nacionalismo fue también una respuesta a las condiciones de explotación externa originadas por el contexto mundial postcolonial e imperialista. En la actualidad sucede otro tanto, pero con el agravante de que la mundialización ha desbordado ya al nacionalismo y exige, como respuesta de los pueblos oprimidos, el independentismo socialista. Dentro de Euskal Herria el debate está de actualidad: ¿cuáles son las razones del independentismo?.
37. ¿Estado nacional o internacionalismo?
El independentismo opta claramente por un Estado propio ¿quiere eso decir que no es internacionalista?. Pensamos todo lo contrario: para ser plenamente internacionalista en las condiciones presentes y futuras hay que dotarse de instrumentos políticos que rompan con la estrategia imperialista y, simultáneamente, sean capaces de avanzar en la práctica de la solidaridad. También aquí recurrimos a la experiencia histórica: la solidaridad militante entre los pueblos ha salido fortalecida cuando algunos de ellos han logrado conquistas estatales decisivas. Desde luego que también está la experiencia negativa de las degeneraciones de esos Estados, pero aquí nos remitimos al cptº 3º en el que analizamos esa cuestión. El asunto está en la naturaleza del Estado que debe optar por una política de paulatina desconexión de la mundialización económica -más difícil ahora que en la fase imperialista ya superada- y de potenciación de relaciones internacionalistas, lo cual plantea muchas interrogantes: ¿cómo ha de ser ese Estado en su democracia interna?, ¿qué modelo socioeconómico ha de potenciar dentro y fuera?, ¿qué alianzas externas ha de mantener?, etc, y ¿tenemos que avanzar ya algunas respuestas?.
38. ¿Uniformidad o diversidad?
El independentismo socialista e internacionalista asume la existencia de una sola especie humana en la que no existen diferencias de inteligencia y aptitudes básicas impuestas genéticamente. Ello no quiere decir que abogue por el uniformismo cultural, por la existencia de una única lengua mundial. Desgraciadamente diversas izquierdas -socialistas utópicos, anarquistas y stalinistas- sí han defendido teóricamente ese criterio uniformador. El Capital quiere imponerlo en la práctica y la evolución mundializadora de la economía presiona en ese sentido. Sin embargo, una concepción independentista reivindica justo lo contrario: la riqueza de la humanidad radica en su diversidad cultural y en su aportación mutua. Aquí debemos recurrir, como tantas otras veces, a tesis ecologistas -la biodiversidad- aplicadas a la sociedad humana: la diversidad cultural. De hecho, una vez más, este es el criterio de fondo de los clásicos marxistas: el libre desarrollo de cada persona y/o colectivo es el requisito del desarrollo libre de la comunidad en su conjunto. Volvemos así al sentido y significado del comunismo pero no de manera abstracta sino práctica: ¿acaso no es enriquecer a la humanidad el aumento de euskaldunes?.
VIII. ¿POR QUÉ NO ESTALLA ESTO?
Las reflexiones realizadas hasta ahora confluyen desde diversos espacios problemáticos diferente en tras grandes interrogantes a los que vamos a intentar responder. El primero es simple: ¿cómo es posible que tanta opresión e injusticia no haya terminado en un estallido general del sistema?. Todos sabemos que ha habido revoluciones y guerras de liberación, grandes y heroicas luchas que durante bastante tiempo -alguna siguen todavía resistiendo- han representando mucho para la humanidad. Sin embargo, existe la creencia de que dentro mismo del "corazón y cerebro del capital", en el llamado "mundo desarrollado", no ha habido lucha de clases ni revoluciones. La clase dominante quiere imponer una versión de la historia sin luchas de las y los oprimidos. Incluso intenta reescribir y falsificar sus propias señas de identidad que en gran medida giran alrededor de la versión burguesa de la Revolución Francesa: con motivo del bicentenario de la destrucción por las masas populares de la Bastilla, se ha intentando negar el esencial contenido revolucionario del proceso abierto entonces. Si la burguesía reniega hasta de su propio pasado: ¿qué no hará con el de las clases, naciones y sexo-géneros oprimidos?.
39. ¿Ha estallado antes?
Sí ha estallado el orden capitalista en su mismo corazón y cerebro. Lo ha hecho con mucha más frecuencia e intensidad de lo que recoge la versión oficial de la historia. Ha estallado muchas veces, con diferentes intensidades y fuerzas; con diferentes niveles de coordinación y planificación; con diferentes grados de violencia de las masas. Unas veces han sido estallidos parciales, específicos a los problemas en tensión y a las crisis particulares. Otras veces han sido sacudidas más que estallidos. La lucha de clases no ha desaparecido, no se ha extinguido nunca. Es más, ha habido momentos en los que renació con terrible fuerza. ¿Estamos hoy ante uno de esos momentos o no?. ¿Qué método teórico y político tenemos que utilizar para saberlo?. Aunque intentaremos responder más en profundidad a esta cuestión en el último aptº del texto, ahora nos interesa adelantar algún criterio básico por una razón concluyente: ¿la historia de Euskal Herria confirma lo aquí expuesto?.
40. ¿Por qué nos mienten?
La falsificación de la historia es una necesidad obligada a todo poder explotador, independientemente de su campo de operatividad y de su ubicación en la jerarquía de poderes, aspecto este al que volveremos en el aptº 44 . Falsificar la historia; negar determinados acontecimientos o mutilarlos y presentarlos de tal modo que las y los oprimidos no puedan aprender de ellos, esta práctica común ya justificada por Platón, tiene su causa en dos factores interrelacionados: uno, la historia es cognoscible y aprehensible teóricamente y otro, la historia es transformable. Ambos van unidos, forman una unidad. La capacidad de conocer y transformar la historia, de hacerla en suma, siempre ha sido objeto de decisivos debates entre las fuerzas revolucionarias, reformistas y reaccionarias. Prácticamente no existe ningún problema humano, por muy metafísico e idealista que aparente serlo, que no se ancle en alguna de las formas de expresión de dicho debate: ni dios se libra, y nunca mejor dicho. Precisamente el responder afirmativamente en todo su sentido, es uno de los grandes argumentos de legitimidad del MLNV y ETA, ¿por qué?.
41. ¿Qué es la alienación?
Una de las razones que aclaran la obsesión de todo poder por negar o tergiversar la historia de sus contradicciones y miserias, radica en que su conocimiento es esencial para la superación de la alienación. Pero ¿qué es la alienación?. Es el proceso y el resultado a la vez de la reducción del sujeto humano en su globalidad a simple cosa exterior así mismo: el sujeto alienado no puede percibirse, pensarse así mismo, ser autoconsciente, porque ha invertido su realidad de modo que es lo exterior, lo ajeno a él e impuesto por fuerzas desconocidas y desconocibles, lo que le define a él. El no se define a sí mismo porque le han hecho pensar que hay algo exterior definitorio: dios, idea, cosmos, poder, dinero, suerte o lo que fuera. Eso exterior a él se presenta como eterno, sin contradicciones ni cambios en su esencia. Dado que desconoce la historia de eso externo, el sujeto se desconoce a sí mismo y piensa y siente según le viene impuesto por eso externo. Hay muchas formas de alienación y todas nos remiten al mismo mecanismo que actúa impulsado por la fuerza de la explotación. Es esa fuerza la que hace que aunque se tenga determinada conciencia política -antiespañola e independentista, por ejemplo- se tengan también costumbres burguesas nuevas. Esto nos lleva en directo al problema de si ha triunfado o no la llamada "reforma franquista" en Hegoalde. También hay alienación nacional: un pueblo que no piensa según él, sino según el Estado ocupante. La conciencia abertzale es la conciencia desalienada y consciente de sí como pueblo.
42. ¿Existe el miedo a la libertad?
Tenemos que remitirnos aquí por un instante a los aptº 24 y 25 sobre la necesidad y la libertad. Recordando lo allí visto es fácilmente comprensible que exista el miedo a la libertad. Por contra, si utilizamos el concepto burgués -cuantitativo y formal- de libertad nos resultará impensable siquiera plantearnos esa reflexión: ¿quién, por qué y cómo puede tener miedo a la libertad?. Sin embargo, ese miedo real, profundo y aterrador es una de las causas de la paralización o de la timidez de las y los oprimidos en multitud de momentos insostenibles por su dureza opresiva. El sistema ha generado muchos instrumentos de control, intimidación, vigilancia y castigo para mantener activo el miedo a la libertad: todos llevamos un policía, patrón, psiquiatra, confesor y censor dentro nuestro. Están ahí, reprimiendo y atemorizando desde dentro, por causas muy precisas y materiales, nada místicas ni esotéricas. El miedo a la libertad es también colectivo; es manipulable y moldeable: el poder tiene muchos especialistas en esa tarea.
¿Cómo superar ese miedo?: la mejor cura es la acción. Contra el miedo: acción. La interrelación de las múltiples formas de lucha que realiza un pueblo oprimido es el mejor tratamiento.
43. ¿Gozamos oprimiendo?
Pero hay más razones que explican no sólo los fracasos de las luchas sino además, previamente a que surjan, su debilidad y estancamiento e incluso, que explican además de otras razones, cómo y por qué partes considerables de oprimidos y oprimidas colaboran activamente con el poder, se identifiquen y los expanden o defienden. Es más: si somos policías para con nosotros mismos también lo somos para con los demás y con sumo gusto nos quedamos con la ganancia que supone serlo. Está así de crudo el problema porque una de las características de la explotación capitalista en sentido general -además creciente- es la de que existen jerarquías, complicidades, intereses compartidos y distribuídos según esas jerarquías de explotación. De la misma forma que existen castas estructuradas verticalmente, algo parecido pero mucho más pernicioso y terrible existe dentro del capitalismo: instancias estructuradas de explotación y dominación que hacen que las opresiones se desplieguen obteniendo la complicidad interesada de muchos oprimidos que descargan sobre los débiles -mujer, ancianidad, infancia, inmigrantes, marginalizados, personas dependientes, etc- sus frustraciones, explotándolas a su vez. Es una cadena que produce beneficio, ganancia, placer, gozo y satisfacción. A ello corresponde una personalidad sado-masoquista que, en cuanto tal, siente miedo pánico a la libertad ya que con ella perdería, entre otras cosas, esos beneficios. ¿Cómo ir contra ese gozo perverso y sádico?.
44. ¿Hay que fusilar a los dioses?
La crítica marxista y mucha de la atea a la religión parte del principio cierto de que es el opio del pueblo. Esta crítica tiene varios niveles de argumentación que no podemos analizar aquí en su totalidad pues alguno de ellos -el de la alienación- ya se ha visto y no hay espacio para otros incluso aunque nos ciñésemos sólo a la religión cristiana dejando de lado el problema de fondo: la religiosidad como fenómeno social que aparece en un momento determinado de la evolución de nuestra especie. Decíamos que incluso no tenemos espacio para el cristianismo -¿existió realmente Cristo?, ¿qué fiabilidad tienen los "textos sagrados"?, ¿es una religión "original" o una síntesis de corrientes religiosas hecha por los poderes establecidos?, ¿lógica e históricamente se sostienen las famosas "pruebas de la existencia de dios"?, ¿cual es la historia del cristianismo?, etc, etc- así que tendremos que escoger sólo dos cuestiones centrales para el tema que tratamos: una, en la sociedades llamadas cristianas, la religión no sólo promete el "reino eterno" a cambio de la pasividad en éste, sino que encima su incapacidad para dar una respuesta al problema del mal, de la iniquidad y del sufrimiento sin causa aparente, esa incapacidad refuerza la proliferación de los poderes, además del miedo a la libertad. La otra va unida a ésta, tampoco resuelve el problema la Teología de la Liberación sino que realmente lo agrava y empeora. Tal identidad de fondo de la religión con el poder nos lleva a tres preguntas: ¿puede un cristiano ser revolucionario?, ¿qué es el ateísmo militante? y ¿cómo se plasman estas cuestiones hoy en Euskal Herria?.
45. ¿Cuántos poderes hay?
La reflexión realizada hasta ahora puede llegar a un punto muerto sino superamos el tópico burgués de los tres poderes. Según él hay tres poderes centrales: el judicial, el ejecutivo y el legislativo. Algunos se empeñas en decir que la prensa en un "cuarto poder", un "poder en la sombra", cuando es sólo un instrumento de poderes que sí están en la sombra, pero no en la de la cárcel precisamente. Pero no se pueden contar cuántos poderes hay si no sabemos qué es el poder: poder es la capacidad de expropia excedente en cualquiera de sus formas de manifestación. Quiere ello decir que tiene poder el marido-padre sobre la mujer pues saca de ella trabajo doméstico, placer sexual, reproducción biológica, etc. En el aptº anterior hemos visto cómo ese poder produce placer y ello es debido a el excedente extraído. Pero el poder siempre busca algo material y tangible aunque se presente bajo apariencias idealistas y hasta religiosas. Esa búsqueda del beneficio concreto es común a todos los poderes y tiene sus raíces en la existencia de la propiedad privada de las cosas y de las personas. Hay tantos poderes como formas de explotación y reproducción de esa propiedad. Precisamente por eso todos los poderes están jerarquizados y centralizados en última instancia por la propiedad. Aquí interviene el Estado de la clase, sexo-género y nación dominantes como instrumento estratégico, pero por su importancia volveremos al tema en el aptº 46.. Saber que los poderes son múltiples pero identificables en su esencia es importante para saber como combatirlos; por ejemplo: la fuerza de los movimientos populares y restantes sistemas autoorganizativos de base radica en la correcta identificación del poder particular al que se enfrentan y en la no menos correcta integración de esa lucha dentro de una práctica global contra el poder centralizador del Estado. Esto nos lleva al tema del poder popular ¿en qué consiste?.
46. ¿Qué hace el Estado?
Los poderes concretos, por ejemplo el del carcelero frente al prisionero vasco, se estructuran mediante una jerarquía en la que el punto de mando estratégico lo tiene el Estado, y en especial sus aparatos económicos y represivos. Es cierto que los poderes concretos, aislados, actúan con mucha autonomía pero siempre necesitan del Estado, de sus leyes y disposiciones, de sus ayudas y presupuestos. En última instancia, la violencia opresiva que practican esos poderes viene legitimada y delegada por el Estado. El Estado es pues el centralizador y cohesionador estratégico, o sea, sin él más pronto que tarde la inmensa mayoría de las explotaciones y opresiones concretas, especialmente las burocrático-administrativas, económicas y represivas, se debilitarían rápidamente. Tal es la experiencia histórica. Pero hay ciertos poderes y sistemas de explotación que tienen más autonomía que otros: el patriarcado por ejemplo, que es capaz de resistir largos y conflictivos períodos de ausencia o debilidad estatal extrema para luego encarnarse burocráticamente en el pomposo "Estado revolucionario". Ello es debido a la propia naturaleza del patriarcado ya descrita en su momento. Sabiendo esta experiencia histórica ¿cómo debemos actuar ya desde ahora para que el futuro Estado vasco independiente no reincida en lo mismo?.
47. ¿Existen poderes secretos?
El Estado es una máquina inescrutable en sus núcleos decisivos. Como toda burocracia, el secreto y el silencio son una constante dentro suyo. El secreto tiene muchas finalidades y una de ellas es la de impedir el conocimiento público de poderes organizados que mantienen complejas relaciones con el Estado, que son internacionales, que se mueven por fuera y al margen de los parlamentos, etc. Tales poderes se organizan casi clandestinamente pese a que no tienen nada que temer de las fuerzas represivas, pero sí del conocimiento público. Las sucesivas fases de expansión mundial del capitalismo han generado correspondientes y necesarias organizaciones secretas. No es política-ficción sino una realidad que responde a las dificultades crecientes de la burguesía para administrar y ampliar su dominación. La llamada "democracia parlamentaria" ya no sirve plenamente para ello pese a que aún mantiene determinadas funciones para el capitalismo. El poder burgués en su plasmación última se mueve en un universo inaccesible para el parlamentarismo. Aun y todo así, las y los oprimidos no pueden pasar totalmente de la lucha institucional. Se trata de conocer sus límites y de integrar esa lucha en otra global.
48. ¿Cómo hacer que esto estalle?
El derrotismo y la sensación de imposibilidad son elementos desmoralizadores de entrada y, posteriormente, auspiciadores del posibilismo reformista y, en determinados momentos, del colaboracionismo consciente y total. El derrotismo tiene dos causas principales: el desconocimiento de la realidad social y de su historia y otra, la ausencia de una estrategia y táctica basadas en ella. La experiencia de ETA es en este asunto acorde con la de todas las organizaciones revolucionarias. Aclarando que no usamos la palabra "estallar" en su resonancia insurreccionalista, hay que decir que la función de la estrategia y de la táctica es precisamente la de integrar en el tiempo y en el espacio todos los saberes y prácticas revolucionarias con la mirada puesta en la viabilidad práctica del proceso de liberación. Aquí debemos recurrir a un aspecto central del pensamiento revolucionario desde mediados del siglo XIX y que más tarde Lukács definió como "actualidad de la revolución". Se trata de una concepción teórico-práctica de la sociedad y de la existencia humana que articula todos los componentes de la conciencia revolucionaria. Tenemos más de seiscientos ejemplos prácticos de esa concepción elemental: las prisioneras y prisioneros, deportadas y deportados, exiliadas y exiliados, clandestinas y clandestinos militantes abertzales.
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